Te conocí sin querer, de casualidad, de golpe, y bendito golpe.
Y empezó el Juego.
Caíste en manos equivocadas, en labios equivocados (dime que mis manos no encajan mejor en tu cintura, o que mis labios no queman en tu cuello), y aún así aquí estamos.
Somos dos príncipes Disney que se quedaron sin princesa (oh, que mal), dos renegados que lo único que desean es respirarse.
Me encantas.
La curva de tu boca, las líneas doradas que recorren tu barbilla, tu espalda que es mi lienzo para pintar nuestras tardes de estudio, o nuestras mañanas de cafe, o nuestros viajes a Dublin a por cerveza...
No soy el primero en pintarte, pero ojalá me des tiempo para memorizarte, para aprenderte, para conseguir retratarte a oscuras y con los ojos vendados...
Me encantas.
Te quiero, Je t'aime, Te voglio, I love you... Mierda de idiomas que no tienen palabras suficientes, que no se acercan ni a un millon de kilómetros de lo que quiero expresar.
Digas lo que digas, el príncipe aquí eres tú. Mí Príncipe, mi chico Disney, pero ni si quiera te hace falta sangre azul, porque la mia arde al mínimo contacto de tus manos. La más leve caricia despierta en mí un volcán de emociones y escalofríos...
Me encantas.
Y me tienes encantado.
Te quiero R
"La vida se resume en mantener el equilibrio entre las veces que matas y las veces que mueres"
miércoles, 27 de enero de 2016
27/01/2016 Príncipe sin sangre azul
"La vida se resume en mantener el equilibrio entre las veces que matas y las veces que mueres"
miércoles, 9 de diciembre de 2015
23
Esta entrada se la dedico a mi yo del futuro, para que vea toda la luz que puede reflejar una mirada con un pasado tan oscuro.
Recuerdo haberme sentado en la esquina de tu cama (desgraciadamente tan transitada) a ver esas series que en realidad nunca veía, porque me gustaban más las promesas que susurraba el aire al entrar en tus pulmones, porque prefería la banda sonora que oía apoyado en tu pecho, con esos redobles tan excitantes propios de tu corazón.
Recuerdo esos cafés con Baylis que me abrasaban las mañanas cuando tu hacías un descanso con tus labios; esas tardes de manos frías que encajaban en tu cuerpo como si fueran un traje a medida, y recuerdo la bandera y las estrellas que sólo brillaban de noche...
Recuerdo tantas cosas...
Recuerdo esas cenas por encargo que siempre iban sin postre (ya nos teníamos), y tu manía de desvestirme por los pies; recuerdo la memoria de tu cuello, que aún hoy se ruboriza si lo acaricio con mis labios.
Mis labios...
Cuanto han sufrido mis labios, más que un paria en un desierto sin agua, más que un náufrago en una tormenta de sal... Y aún así te lloraban.
Mis labios, mi cuello, mi espalda, mis manos, mi pecho, mis piernas... Se ponen de acuerdo cuando te pienso, se ponían de acuerdo, temblaban, se encogían, se dejaban invadir por los escalofríos que producía tu cuerpo en mis pensamientos...
Y te fuiste.
No, te echaste.
Elegiste mal, o bueno, elegiste, mal para mí, mal para nosotros... Escogiste no tenerme al cien por cien, si no al cuatro coma tres porciento, escogiste clavarme una espada en el pecho, y creeme, la que tenías en la cabecera de tu cama me habría hecho menos daño; hiciste que viera nuestra bandera como un velo que debía quemar, rasgar, morder, destrozar... para no ser el único.
Recuerdo el día que nos lloré, el día que te lloré, el día que me lloré, el día que te reíste de mí y de mis lágrimas, el día que deseaba que tus almohadas me robasen todo el aire que respiraba, el día que decidiste que no eras tú, que era yo.
Recuerdo haberme sentado en la esquina de tu cama, pero me fuí, me echaste, y cambiaste las sábanas... Y yo di el portazo, y eché la llave por fuera.
-23-
Recuerdo haberme sentado en la esquina de tu cama (desgraciadamente tan transitada) a ver esas series que en realidad nunca veía, porque me gustaban más las promesas que susurraba el aire al entrar en tus pulmones, porque prefería la banda sonora que oía apoyado en tu pecho, con esos redobles tan excitantes propios de tu corazón.
Recuerdo esos cafés con Baylis que me abrasaban las mañanas cuando tu hacías un descanso con tus labios; esas tardes de manos frías que encajaban en tu cuerpo como si fueran un traje a medida, y recuerdo la bandera y las estrellas que sólo brillaban de noche...
Recuerdo tantas cosas...
Recuerdo esas cenas por encargo que siempre iban sin postre (ya nos teníamos), y tu manía de desvestirme por los pies; recuerdo la memoria de tu cuello, que aún hoy se ruboriza si lo acaricio con mis labios.
Mis labios...
Cuanto han sufrido mis labios, más que un paria en un desierto sin agua, más que un náufrago en una tormenta de sal... Y aún así te lloraban.
Mis labios, mi cuello, mi espalda, mis manos, mi pecho, mis piernas... Se ponen de acuerdo cuando te pienso, se ponían de acuerdo, temblaban, se encogían, se dejaban invadir por los escalofríos que producía tu cuerpo en mis pensamientos...
Y te fuiste.
No, te echaste.
Elegiste mal, o bueno, elegiste, mal para mí, mal para nosotros... Escogiste no tenerme al cien por cien, si no al cuatro coma tres porciento, escogiste clavarme una espada en el pecho, y creeme, la que tenías en la cabecera de tu cama me habría hecho menos daño; hiciste que viera nuestra bandera como un velo que debía quemar, rasgar, morder, destrozar... para no ser el único.
Recuerdo el día que nos lloré, el día que te lloré, el día que me lloré, el día que te reíste de mí y de mis lágrimas, el día que deseaba que tus almohadas me robasen todo el aire que respiraba, el día que decidiste que no eras tú, que era yo.
Recuerdo haberme sentado en la esquina de tu cama, pero me fuí, me echaste, y cambiaste las sábanas... Y yo di el portazo, y eché la llave por fuera.
-23-
"La vida se resume en mantener el equilibrio entre las veces que matas y las veces que mueres"
sábado, 28 de noviembre de 2015
28/11/15 Somos.
"Para mi mejor amiga, una de las pocas luces que me quedan".
Siempre comparamos nuestras vidas con los libros, con aquellas historias llenas de magia y dragones, de malvados hechiceros y de reinos por salvar.
Pero no somos eso, ni de lejos.
Somos mucho más.
Los inocentes unicornios y los imponentes dragones se nos quedan cortos; se nos quedaron pequeños hace ya mucho tiempo. No hay nada que envidiar a esas princesas pastelosas de fácil desmayo, o a esos paladines sedientos de guerras por amor. No nos llegan ni a la suela de los zapatos, ni de coña.
Es verdad que nuestras mentes son palacios de cristal, o que nuestros triángulos estaban tan bien hechos que tenían tres lados; pero no necesitamos un anillo para saber que nos hacemos falta, no nos llegó la carta, pero tenemos mucha más magia de la que puede enseñarse en un castillo.
Que suerte tuve, qué acertado el conjuro que te mantuvo a mi lado.
Quizá soñemos que salvamos un mundo, o que lo conquistamos, quizá dormidos dirijamos ejércitos y prendamos fuego al cielo.
Pero es más que eso; el mundo nos pertenece por derecho, y porque lo digo yo.
Y el cielo. ¡Ay el cielo lo que se pierde! Porque el fuego nos lo guardamos para cuando llegue el frio.
Me encanta la frase: " No hay noche sin estrellas, ni sol sin amanecer" porque nos define.
Somos los puntos del yin y el yan, esos matices de cordura y locura depende de qué plato de la balanza suba.
Soy yo porque eres yo, y eres tú porque yo soy tú. Somos esas sombras seductoras que refleja una hoguera, y somos esa luz que se cuela por las rendijas de tu persiana (yo nunca la bajo). Somos un tablero de ajedrez donde las casillas blancas y las negras se confunden porque de noche todos los gatos son pardos, y donde la reina monta a caballo mientras el rey pinta las torres de rojo.
Somos, y eso es más de lo que muchos pueden decir.
Somos todo cuando volamos por encima del Bien y del Mal, cuando nos falta una micra para comprar almas como locos, cuando tenemos dos sombras más que el resto en las tardes de agosto, y cuando en todos los claustros hay una placa con nuestro nombre.
Somos sin fecha, sin etiqueta, sin número de bastidor, sin papel de burbujas, que a pelo la vida te sube más rápido.
Somos pensamientos simultáneos a la par que desconocidos, y conversaciones rápidas como solo pueden ser las nuestras.
Lo tenemos todo, y no hay papel en el mundo para escribirlo, aunque existieran las palabras.
Somos fuego, luz, sombra, magia. Qué más da.
Somos, y no quiero que se acabe.
Te quiero.
Siempre comparamos nuestras vidas con los libros, con aquellas historias llenas de magia y dragones, de malvados hechiceros y de reinos por salvar.
Pero no somos eso, ni de lejos.
Somos mucho más.
Los inocentes unicornios y los imponentes dragones se nos quedan cortos; se nos quedaron pequeños hace ya mucho tiempo. No hay nada que envidiar a esas princesas pastelosas de fácil desmayo, o a esos paladines sedientos de guerras por amor. No nos llegan ni a la suela de los zapatos, ni de coña.
Es verdad que nuestras mentes son palacios de cristal, o que nuestros triángulos estaban tan bien hechos que tenían tres lados; pero no necesitamos un anillo para saber que nos hacemos falta, no nos llegó la carta, pero tenemos mucha más magia de la que puede enseñarse en un castillo.
Que suerte tuve, qué acertado el conjuro que te mantuvo a mi lado.
Quizá soñemos que salvamos un mundo, o que lo conquistamos, quizá dormidos dirijamos ejércitos y prendamos fuego al cielo.
Pero es más que eso; el mundo nos pertenece por derecho, y porque lo digo yo.
Y el cielo. ¡Ay el cielo lo que se pierde! Porque el fuego nos lo guardamos para cuando llegue el frio.
Me encanta la frase: " No hay noche sin estrellas, ni sol sin amanecer" porque nos define.
Somos los puntos del yin y el yan, esos matices de cordura y locura depende de qué plato de la balanza suba.
Soy yo porque eres yo, y eres tú porque yo soy tú. Somos esas sombras seductoras que refleja una hoguera, y somos esa luz que se cuela por las rendijas de tu persiana (yo nunca la bajo). Somos un tablero de ajedrez donde las casillas blancas y las negras se confunden porque de noche todos los gatos son pardos, y donde la reina monta a caballo mientras el rey pinta las torres de rojo.
Somos, y eso es más de lo que muchos pueden decir.
Somos todo cuando volamos por encima del Bien y del Mal, cuando nos falta una micra para comprar almas como locos, cuando tenemos dos sombras más que el resto en las tardes de agosto, y cuando en todos los claustros hay una placa con nuestro nombre.
Somos sin fecha, sin etiqueta, sin número de bastidor, sin papel de burbujas, que a pelo la vida te sube más rápido.
Somos pensamientos simultáneos a la par que desconocidos, y conversaciones rápidas como solo pueden ser las nuestras.
Lo tenemos todo, y no hay papel en el mundo para escribirlo, aunque existieran las palabras.
Somos fuego, luz, sombra, magia. Qué más da.
Somos, y no quiero que se acabe.
Te quiero.
"La vida se resume en mantener el equilibrio entre las veces que matas y las veces que mueres"
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