sábado, 12 de marzo de 2016

11/03/2016 Pequeño Gran cuento del Sinsajo.

Si nos quisiéramos la mitad de lo que nos gustaría que nos quisieran, ya nos querríamos el doble de lo que en realidad nos querrán

El Sinsajo... No sé si conoces la historia de este símbolo. Bueno, sí, qué narices, claro que la conoces.

(seré estúpido...)

Significa libertad, rebelión, inconformismo, revolución...significa tantas cosas... Y no tuviste ni idea de usarlo.

Me lo regalaste tal fecha como hoy: Con el mismo frío, el mismo sol, la misma gente, disfrazada en un intento de evadirse emulando a sus héroes; el mismo lugar, el mismo motivo... Pero en un día completamente distinto.

Cuando me lo pusiste en la mano, de improviso, lo vi y se me aceleró el corazón. Era lo primero que me dabas, salió de tí, así, sin más...
¿ y qué hice yo? Pues lo único que me permitían los temblores que recorrían mi espalda y mis piernas, lo único que podía hacer respirando tan cerca de tí. Besarte.

Y desde ese momento se jodió. Me lancé a tu cuello, y te apartaste. Me quedé en blanco, mirando al suelo, mientras tú mirabas en todas las direcciones, como esperando encontrar a un francotirador apuntándote al pecho.

No entendía por qué lo habías hecho (ahora sí). No sabía qué había pasado para que me hicieras eso, pero tampoco quería saberlo. Me daba igual. Tenía un sinsajo. Tu sinsajo. Mi sinsajo...

Pero que mentira más grande. Libertad? Rebelión? Y una mierda.

Lo que me diste me ató a tí más fuerte que una cadena a tu cintura. Me hizo deponer las armas. Saqué la bandera blanca y guarde los dientes, pensando que esa era una señal de paz, y no de guerra.

Ese sinsajo fué mi venda, mis esposas, mis cuerdas, mis barrotes, mi mordaza... Y me gustaba, por fín podía dejarme llevar, relajarme, descansar por una vez y no estar todo el día alerta, esperando la hostia.



Menuda la que me diste. Menudas. Estaba tan feliz con mi sinsajo que no me dolían las que me diste ese mismo día. Ni me enteré, aunque luego me vi los hematomas.

Pero no me importaba. Estaba feliz, todo encajaba. Ahora ya tenías nombre. Mi sinsajo. Tú eras mi sinsajo y yo tu chico en llamas. O eso creía.

Recuerdo lo que me costó ir contigo a esa feria del manga, donde todo el mundo vestía nombres que no conocía, que sólo conocías tú. Recuerdo haber pasado ese día entero contigo, y hacía frío, pero el sol me brillaba más que el cuatro de junio.

Sigo guardando tu sinsajo, aún sabiendo que tu no guardas nada de mí. Ni si quiera un triste recuerdo.

Y cada vez que lo miraba pensaba en tí. Y te escribía, te hablaba...pensando que así conseguiría despertar algo (lo que fuera) que te hiciese recordar el fuego en que te hacía arder. A pesar de ser sinsajo de 13 distritos, te seguía queriendo para mí. A pesar de todo, seguía enamorado.

Y respondías.

Me contabas tu vida, como dando por descontado que me importaba, que me tenía que importar (así era) y yo intentaba darte consejos por encima de mis posibilidades, lo intentaba con todas mis fuerzas, esperando que algo te saliera bien, y te acordases de quíen te dijo qué hacer. Esperaba tantas cosas....

Y se me ocurrió decirtelo. "Oye, voy a ver qué tal estás, y me cuentas anda". Me vestí, me calcé y a la media hora me tenías en tu puerta inspirando hondo para que no se notase lo que me temblaban las manos. Y te ví. Por primera vez desde aquel martes que todo se fue a la mierda. Hola, desde que me fui y diste el portazo.

Todo mejoraba. Estabamos bien, o bueno, entiéndeme, pasamos de una guerra mundial a una de guerrillas, y en las treguas hablábamos como viejos y buenos amigos. Que ironía, nos llevábamos mejor así que antes.

Estupendo

Tú seguías siendo tú, y pensabas que habías cambiado. Creías que cambiar es no repetir los errores, pero no: es no querer repetirlos. Y tú seguías igual, y es más, seguías de errores hasta el culo. Yo ya no era yo. Bueno, sí que lo era, pero era una versión mejorada. Nada de dudas, nada de temblores, nada de miedos, nada de necesitar nada. Era yo y sin circunstancias. Y me iba bien. Muy muy muy bien.

Pero todo lo que sube, baja.

Las casualidades existen. Joder que si existen. Gracias a ellas llevo un mes sonriendo por las mañanas, y deseando que lleguen los sueños por las noches. Gracias a tus putos, estupidos errores de siempre.

"Confío en tí" me dijiste. "Se que puedo".

Mentiroso. No confiabas en mí. Confiabas en que todavía quedase algo de tí en mí que le dijese a mi conciencia que no podía hacerte eso, que te quería. Pero te falló el plan, chaval.

Y diste un ultimatum, como siempre que las cosas no son como deseas. Expusiste opciones, amenazaste y diste a elegir. Y por no demostrar nada, lo perdiste todo.

Te has hundido tú solito, Sinsajo. Tú y nadie más. Yo no he tenido la culpa de nada; es más, yo te tendí la mano, pero una de dos: O el orgullo te impidio cogerla, o mis llamas ahora te abrasan.

No acertaste al utilizar el regalo que me diste para ablandar la "coraza" que tenía a prueba de tí; tampoco para sellar la carta de desahucio que me echaba de tu vida.

Porque para mí no significa eso, y nunca lo va a significar. Igual que tú colonia no me hace cerrar los ojos si la huelo, o tu música (mejor dicho: MI música) no hace que se me acelere el corazón. Ya pasaste, ya está, se acabó. Tengo lo que quiero, y te aseguro que lo voy a valorar mil veces más que tú, que utilizas personas como si fuesen servilletas de cafetería.

Me alegro de todo esto. De todo. Porque el tiempo pone a cada uno en su lugar. Y el lugar de todas y cada una de esas servilletas está a años luz por encima de tí.

Ojo. Con esto no digo que no te quiera. Te quiero. Claro que te quiero. Pero hiciste que me diera cuenta de que necesitaba quererme más que quererte. Y aprendí a quererme tanto que me sobraba amor para otros, pero esos otros se lo merecían. Y ninguno de ellos será un sinsajo, pero se han ganado las alas de tal forma que ni volando les llegas a la suela de los zapatos.





miércoles, 10 de febrero de 2016

10/02/2016 Recuérdame que te olvide

Hoy recuerdo, por placer, o al menos por ese placer que encontramos en algunas clases de dolor, cómo eras, cómo fuíste.

Y automáticamente acuden a mi cabeza los escalofríos que sentí cuando me bajaron del cielo a balazos. Ese maldito peso en mis pulmones, el aire renegando de mí, no queriendo entrar en mi pecho, el calor abrasador de cientos de lágrimas de sal, el olor de mi almohada, nuestro olor, al que me aferré aquellos horrorosos días siguientes, donde rememoraba, como penitencia por mi elección, las tardes que pasábamos en tu cuarto, las risas, las cosquillas, las rabietas, los besos, las caricias, los juegos...

Me olvidaste, te olvidaste de mí, y tú ¿dónde estás? Mi cerebro lucha por saber y no saber. ¿te hago falta? ¿me echas de menos? ¿te acuerdas de mí?... No respondas, quiero saberlo, no me lo digas...

Partí el firmamento por tí, peleé con garras y dientes para hacerme un hueco entre tus sábanas, y lo conseguí.

Como otros tantos.

Dime, por favor, si me ha salido competencia; si alguien te abrasa como lo hacía mi fuego, si tu cuerpo encaja mejor en otro que no sea el mío.

Dime, por favor, que nadie ha hecho de tu habitación un lugar tan luminoso como cuando estabamos en él. Dime que fuí el último en tocar las cuerdas de tu guitarra, esa que escondes detrás de la puerta.

Dímelo todo.

Dime que no soy el único que tiene el corazón a medio sanar, que tú también tienes esa espina ya tan familiar. Dime que sí, amor, dime que sí.

Necesito saberlo todo para quebrar el cepo que aprisiona mis alas, y volar de verdad, bajo la luz del sol, o con las estrellas acariciando mis negras plumas. Como antes.

Devuélveme lo que te llevaste, que lo necesito, quiero volver a ser yo, por favor.

Me olvidaste, lo sé, te conozco como si siguieras siendo parte de mí. Conozco tus tormentas, tus truenos y tus vendavales, que utilizas para borrar tus pasados, para destrozar los castillos de naipes de colores que montábamos juntos.

Me olvidaste, te olvidé, pero aún te recuerdo. Espero que todas las noches, de una u otra forma, sigas suspirando mi nombre antes de apagar la luz, y que al desayunar veas nuestra historia en la espuma del café.

Recuérdame que te olvide, pero recuérdamelo mañana, que esta noche necesito el dolor para no pasar frío.

miércoles, 27 de enero de 2016

27/01/2016 Príncipe sin sangre azul

Te conocí sin querer, de casualidad, de golpe, y bendito golpe.

Y empezó el Juego.

Caíste en manos equivocadas, en labios equivocados (dime que mis manos no encajan mejor en tu cintura, o que mis labios no queman en tu cuello), y aún así aquí estamos.

Somos dos príncipes Disney que se quedaron sin princesa (oh, que mal), dos renegados que lo único que desean es respirarse.

Me encantas.

La curva de tu boca, las líneas doradas que recorren tu barbilla, tu espalda que es mi lienzo para pintar nuestras tardes de estudio, o nuestras mañanas de cafe, o nuestros viajes a Dublin a por cerveza...

No soy el primero en pintarte, pero ojalá me des tiempo para memorizarte, para aprenderte, para conseguir retratarte a oscuras y con los ojos vendados...

Me encantas.

Te quiero, Je t'aime, Te voglio, I love you... Mierda de idiomas que no tienen palabras suficientes, que no se acercan ni a un millon de kilómetros de lo que quiero expresar.

Digas lo que digas, el príncipe aquí eres tú. Mí Príncipe, mi chico Disney, pero ni si quiera te hace falta sangre azul, porque la mia arde al mínimo contacto de tus manos. La más leve caricia despierta en mí un volcán de emociones y escalofríos...

Me encantas.


Y me tienes encantado.

Te quiero R