Piensas que gente como tú es necesaria, imprescindible, insustituible.... Y no.
Eres mala. Eres perversa y pérfida, como si tu vida fuese una tediosa interpretación eterna de las griegas arpías, o de las viejas Grayas, manejando a los demás a tu antojo, cortando sus hilos para limpiarte el veneno enquistado que se te encostra entre los dientes despues de cada vómito de sapos y serpientes que sale por tu boca cada vez que la abres.
Y me das pena. No, asco y pena. Repugnancia y tristeza. Porque vas a acabar sola.
Tuviste que caminar por la acera de enfrente como una extraña porque las personas de la tuya ni te dirigían la palabra. Te cansaste de desprecios y muecas y decidiste asumir su papel. Pero para tu información, mocosa, la vida te devuelve lo que das, y tu das asco, y muchos dolores de cabeza.
El día que despiertes leones y dragones, corre. Corre mucho, porque nadie te cubrirá las espaldas.
Y disfrutaré viendote sangrar.
"La vida se resume en mantener el equilibrio entre las veces que matas y las veces que mueres"
lunes, 20 de junio de 2016
Y por no pegarte escribo 19/06/2016
"La vida se resume en mantener el equilibrio entre las veces que matas y las veces que mueres"
lunes, 9 de mayo de 2016
09/05/2016 Catarsis
Siéntate. Mete la cucharilla en la taza. Inspira el olor del café. Pega un trago.
Cierra los ojos.
Te satura el barullo que se arremolina en tus oidos. Sonidos estridentes de motores, conversaciones impersonales que a nadie importan, música de ambiente que se cuela entre tus pensamientos como huyendo de su origen, escondiéndose en lo más profundo de tu cabeza impidiéndote pensar con claridad.
Abre los ojos.
Una explosión de colores reverbera tras tus párpados. Te engulle en un torbellino de azules, rojos, verdes, negros, blancos... Mires donde mires los ves: anuncios que no significan nada para tí, carteles de empresas que jamás te aportarán nada, pancartas sugerentes e implorantes de atención. Te supera. No puedes más.
Cierra los ojos.
Abre tu mente. Deja que divague salvaje buscando fantasías enfermas que poder cazar, presas fáciles con que llenarse el estómago. Hazla volar por cielos rojos de nubes plateadas, bajo una lluvia de esmeraldas que repiquetean como granizo pero sin su frío adormecedor. Haz que grite, que se desgañite y se quede afónica, que regale al viento todo lo que nadie más quiere, que este se lo lleve lejos, donde alguna mente valdía acogerá las palabras que mece.
Zambúllela en aguas blancas como la nieve, y cálidas bajo la luz de un astro ardiente que no abrasa. Déjala bucear entre corales de historias olvidadas y naufrágios de versos rotos. Permítele buscar ese cofre lleno de monedas de oro, y tirar una al aire y escoger otro destino.
Abandónala entre árboles de rubíes y copas de cobre, anímala a cruzar ríos de besos cómplices, de caricias eléctricas... Súbela a las torres de papel de las más altas colinas y que vuelva a gritar. Que se vacíe de sí, que se forje una nueva armadura de sedas y botones, una nueva coraza, limpia de rasguños y abolladuras. Deja que tu mente despierte, que abra sus ojos, que cree mundos dispares y los conquiste, o los destruya, y que gobierne a su antojo. Deja que tu mente vuele libre bajo las olas o navegue en un mar de nubes rosas, deja que grite, que hable, que no se guarde nada, que no cargue con lastres que solo conoce ella.
Abre los ojos.
¿ves? ¿qué importan las lanzadas que acometen tus oidos y tus párpados? Respira hondo, mira a tu alrededor y desprecialo. Incrépale que no pueda mejorar, que no pueda ni soñar con parecerse a tu mundo. Sonrie, da otro sorbo de café, suspira. Piensa que tu mente siempre estará ahí; perfecta, triunfante. ¿la ves?
Cierra los ojos.
"La vida se resume en mantener el equilibrio entre las veces que matas y las veces que mueres"
miércoles, 27 de abril de 2016
27/04/2016 Delirios y Demencias
A veces, sin darme cuenta, me sorprendo a mí mismo sondeando los pequeños rincones de mi mente. Esquinas polvorientas de una gran mansión que siempre olvido limpiar. Llenas de telarañas y difusas por el polvo, tientan a mi exasperante manía de querer saberlo todo.
Me acerco y comienzo a percibir formas. Siluetas, sombras y una escala infinita de negros y grises que me incitan a conocerlas, a exigirles su nombre y apellidos, su código postal y la razón por la que siguen ahí.
Y no estoy loco cuando digo que los rincones me responden.
Me cuentan batallitas, cual anciano ebrio de sabiduría robada al mismísimo Cronos a hurtadillas. Me hablan de historias pasadas. Relatos que ya tenía olvidados, o que había decidido desterrar de los salones y recintos del palacio de mi pensamiento. Me susurran viejas promesas encorvadas y cheposas, sufrientes por mantenerse en pie, hacinadas en asilos esperando la visita de la familia que nunca llega.
Me narran cafés de domingo y copas de madrugada. Broncas, risas y juegos de roll en los que dos dados sentenciaban cada paso que daba, mandando al paro al aficionado ese al que llamamos destino.
Me acarician con palabras de lujuria que excitan mis ideas haciéndolas explotar en una vorágine de orgasmos celestes, provocando que los cristales de mis lámparas tintineen en agradecida respuesta.
Pero cuanto más me hablan más conozco esos lúgubres rincones.
Y menos me gustan.
Lo que me parecian arrullos y cuentos nocturnos se transforman en lamentos estridentes y tañidos de campanas de muerto; sus caricias son zarpas que desgarran mis sentidos grabando su desalmado propósito en mis entrañas, mordiendo mis límites para cegarme con antiguas y efímeras glorias.
Yo, al contrario que vosotros, historiadores de mi pasado, renegué de Cronos y abracé a Kaisós, que sus regalos suelen ser mejores, o menos dolorosos a largo plazo.
Yo, rincones de basura y restos inmundos, os despojé de todo valor porque erais la manzana podrida del cesto y os exilié a las tinieblas para que, como dicen las escrituras, fuera el llanto y el rechinar de dientes.
Yo, marchitas complices traidoras, os borré del registro de mis sueños e ideales, pues el árbol seco ha de ser cortado o se incendiará el bosque cuando le golpee el rayo para partirlo en dos.
Hoy incinero vuestros grises, y calcino vuestras pegajosas telarañas.
Hoy pulo vuestras superficies y os libero de toda la carga que portabais. Hoy os convierto en nuevos archivos de emociones, deseos y delirios de imponentes alas. Hoy hago limpieza y dejo la mente en blanco. Borro la hoja de papel que soy y comienzo a escribir con tinta.
Hoy, escribo alegorías y demencias que se muerden la cola.
Hoy, pienso dejar de pensaros y empezar a pensar de nuevo.
Me acerco y comienzo a percibir formas. Siluetas, sombras y una escala infinita de negros y grises que me incitan a conocerlas, a exigirles su nombre y apellidos, su código postal y la razón por la que siguen ahí.
Y no estoy loco cuando digo que los rincones me responden.
Me cuentan batallitas, cual anciano ebrio de sabiduría robada al mismísimo Cronos a hurtadillas. Me hablan de historias pasadas. Relatos que ya tenía olvidados, o que había decidido desterrar de los salones y recintos del palacio de mi pensamiento. Me susurran viejas promesas encorvadas y cheposas, sufrientes por mantenerse en pie, hacinadas en asilos esperando la visita de la familia que nunca llega.
Me narran cafés de domingo y copas de madrugada. Broncas, risas y juegos de roll en los que dos dados sentenciaban cada paso que daba, mandando al paro al aficionado ese al que llamamos destino.
Me acarician con palabras de lujuria que excitan mis ideas haciéndolas explotar en una vorágine de orgasmos celestes, provocando que los cristales de mis lámparas tintineen en agradecida respuesta.
Pero cuanto más me hablan más conozco esos lúgubres rincones.
Y menos me gustan.
Lo que me parecian arrullos y cuentos nocturnos se transforman en lamentos estridentes y tañidos de campanas de muerto; sus caricias son zarpas que desgarran mis sentidos grabando su desalmado propósito en mis entrañas, mordiendo mis límites para cegarme con antiguas y efímeras glorias.
Yo, al contrario que vosotros, historiadores de mi pasado, renegué de Cronos y abracé a Kaisós, que sus regalos suelen ser mejores, o menos dolorosos a largo plazo.
Yo, rincones de basura y restos inmundos, os despojé de todo valor porque erais la manzana podrida del cesto y os exilié a las tinieblas para que, como dicen las escrituras, fuera el llanto y el rechinar de dientes.
Yo, marchitas complices traidoras, os borré del registro de mis sueños e ideales, pues el árbol seco ha de ser cortado o se incendiará el bosque cuando le golpee el rayo para partirlo en dos.
Hoy incinero vuestros grises, y calcino vuestras pegajosas telarañas.
Hoy pulo vuestras superficies y os libero de toda la carga que portabais. Hoy os convierto en nuevos archivos de emociones, deseos y delirios de imponentes alas. Hoy hago limpieza y dejo la mente en blanco. Borro la hoja de papel que soy y comienzo a escribir con tinta.
Hoy, escribo alegorías y demencias que se muerden la cola.
Hoy, pienso dejar de pensaros y empezar a pensar de nuevo.
"La vida se resume en mantener el equilibrio entre las veces que matas y las veces que mueres"
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